sábado 3 de marzo de 2012

El chiringueto del fumador

¿Perseguidos? Los fumadores hoy tienen que someterse a la marginación para poder disfrutar de un pitillo. Atrás quedaron tiempos gloriosos en que fumarse un puro en una reunión estaba bien visto. Y si alguien se quejaba de no poder respirar -normalmente era una mujer, que suele tener más agallas para defender su postura- era objeto de la burla del resto.
Hoy las entradas de las oficinas se parapetan tras una cortina de humo. Los profesores guardan la distancia de seguridad. Los bares exilian el vicio de fumar, como indigno frente al de beber. Las barreras arquitectónicas y los potentes extractores no son suficientes. ¡A la calle!
¿Quién priva de libertad al fumador? Los que lo hemos sido en los tiempos de supremacía del humo lo sabemos. Es el cigarrillo lo que le quita la libertad, le tiene subyugado, sometido a la tiranía del hábito. Se hace dueño de su voluntad y sus comportamientos.
Al ludópata le dejamos tranquilo. Al alcohólico también, mientras no perturbe el orden. El problema del fumador es que choca con los derechos del que no lo es. Con el derecho a no respirar humo. Con el derecho a respirar un aire sólo contaminado por el dióxido de carbono emitido por los coches. ¿Cuándo empezaremos a perseguir y marginar al conductor insolidario? ¿Y cuándo al fumador que va dejando su estela por la calle limitando el bienestar de quien camina, por ejemplo, con la sana intención de consumir impulsivamente?

sábado 7 de enero de 2012

El secreto mejor guardado de la familia real

Sólo les quedaba un secreto. Ya desvelaron sus emolumentos. Ya dejaron que la luz velara los negativos de sus distracciones morales en la familia política. Y muchas otras revelaciones si repasamos el tebeo monárquico de los últimos lustros. Sólo les quedaba un secreto en el sumario que hoy, en pro de la comunicación, publico.

Ahora que los Reyes Magos, de regreso a casa, se reorientan. Ahora que, aquéllos que no lo son (magos) se esfuerzan, incluso se sacrifican, por recuperar el norte. Es hora de conocer cuál ha sido la felicitación de Navidad que SS.MM. han tenido a bien enviar este año que acabamos de cerrar. Sorprendentemente, un tradicional Nacimiento del Niño Jesús.

Y esto me hace preguntarme: ¿qué es políticamente correcto? ¿Debemos de expresarnos teniendo en cuenta las peculiaridades, rezos, creencias y fobias de cada uno de nuestros destinatarios? ¿Es eso la tolerancia o la libertad de expresión? ¿Tenemos que perder aquéllo que nos identifica, que nos diferencia, que nos explica para que otros puedan anegarnos de su identidad o falta de ella?

O puede ser también que el manual de protocolo de algunos sea más exquisito que el de la Casa Real. Si el próximo año dudas entre enviar la imagen de un Papá Noel, un árbol de de bolas, un osito polar, una estrella con la palabra felices fiestas escrita en quince idiomas o un Nacimiento que diga feliz Navidad, no elijas en función de los miles de budistas, musulmanes o fervientes ateos, sino más bien en función de lo que mejor identifica quién eres.

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Corrupción real en las mejores familias

Ocurre en las mejores familias: Esa es la mejor excusa que hemos inventado en nuestra sociedad para disipar manchas deshonrosas y convertirlas en socialmente aceptables. Desde que a alguien se le ocurrió la gran idea de que el pecado no existe, hemos querido convertir la honestidad en una convención que depende de gustos, de modas o de los mercados. Que depende, valga la redundancia, de lo que en cada momento convenga. Y, lo peor: que en la mayoría de los casos no sabemos para qué conviene. Simplemente intentamos aceptarlo porque es más fácil.


Sin duda los entuertos en los que los medios de comunicación nos están presentando a diversos personajes públicos, van mucho más allá de la picardía. Pero, ¿dónde está el límite? En el desconocimiento de ese límite, en su trivialización y su desdibujo está precisamente la causa del problema. Y la causa es importante conocerla si queremos idear una posible solución a lo que parece hacer temblar las instituciones, el sistema, los cimientos mismos de la sociedad.


Solemos fijarnos más en los síntomas, buscamos la solución terapéutica, el analgésico, el airbag, el policía, la nueva norma más restrictiva. Hacemos lo mismo con todos los males que aquejan nuestra sociedad: la orden de alejamiento, la pulsera al agresor, la multa al defraudador.
La causa de todos nuestros males -y en especial de la corrupción-, sin embargo, es la laxitud moral, la falta de conciencia social, la ignorancia de lo público, el desdibujo de los límites de lo que está bien. La causa está en el vecino de arriba, en el compañero de al lado o en el formulario de nuestro portafolio.


Porque "aquí" sólo defrauda el que puede, sólo se aprovecha el que sabe, sólo roba el que accede. Cada uno a su nivel: una factura por aquí, un ingreso no declarado por allá, una subvención injusta acullá, un regalo de empresa que no ve nadie, una comida que no es tal, un cliente que no existe. Parece que todos tuviéramos una licencia para defraudar, una parcela para eludir, un derecho fundamental a burlar.


Y por esta regla, si todo depende de lo que cada uno pueda, parece normal, excusable, hasta eximible, que sean los más poderosos los que más sisan lo que es de todos.
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lunes 28 de noviembre de 2011

Innovar o vivir

Vivimos en un mundo presionado por la innovación. Antes la innovación respondía a una necesidad vital, a mejorar la calidad de vida. Hoy en día parece responder a la urgencia del sistema por hacer circular la masa monetaria cada vez más rápido. Antes los aparatos se hacían para durar toda la vida. Hoy a los gadgets se les pone un contador para que su vida no se prolongue más de lo conveniente.


¿Realmente nuestra sociedad es tan innovadora? ¿Nuestros inventos pasarán a la historia? Pensemos en esos inventos que tanto han pasado a nuestra historia que ni percibimos que lo son. Por ejemplo, la silla: se conoce desde el Antiguo Egipto. Incluso había dos versiones: la normalita para el vulgo y la decorada con materiales preciosos para la nobleza (igual que ahora). No sabemos quién la inventó pero no ha mejorado demasiado desde entonces.

Se tardó un tiempo en buscar otras aplicaciones a las ventajas de la silla y llegar al gran invento del retrete. En realidad las letrinas de los romanos ya eran en posición de asiento pero es hace cuatro o cinco siglos cuando se conoce un modelo parecido al actual, con cisterna incorporada. Sin necesidad de remontarnos tanto: ¿Veis grandes avances en los modelos que venís usando toda la vida? Lo mismo podríamos decir del papel higiénico, aunque en este caso en medio siglo se han realizado avances en cuanto a la textura y resistencia del material que, desde luego, son de agradecer.

Saliendo ya de este incómodo espacio, podemos pensar incluso en ámbitos más tecnológicos. Por ejemplo, la tele: pues no veo que haya avanzado tanto. Prueba de ello es que los más pequeños -si han tenido una experiencia con otros dispositivos- se acercan a tocar la pantalla y se sorprenden por la falta de respuesta. Dicho de otra forma: quedaos un minuto mirando fijamente el mando a distancia, ¿os dais cuenta qué cosa tan antigua? Suerte que para evitar que nos levantáramos del sofá no inventaron un palo telescópico... Mucho se ha hablado de la fusión de pantallas pero no llega la realidad generalizada. ¿Es que los fabricantes piensan que aún pueden optimizar el retorno de sus anteriores inversiones antes de pasar a la siguiente?

En 1996 entré en un supermercado y, de repente, el rubor se apoderó de mí cuando el móvil de mi padre empezó a sonar en mi bolsillo. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Que ya no me ruborizo, un poco el tamaño, que no hay que sacar la antena... ah, claro, y que, al igual que en otros tiempos nos emocionamos con el reloj-calculadora (que hoy rechazaríamos por absurdo), a los avezados fabricantes ocurrióseles incorporar cámara al teléfono, y luego brújula... ¿Y por qué no boli? En fin, cambios poco significativos de media si tenemos en cuenta que muchos salimos a móvil por año.

Lo mismo podríamos decir del coche -o del autobús- del papel -o el boli- de los envases que sigue costando abrir y siguen vertiendo mal, de los zapatos que siguen gastándose por el mismo sitio, de los pavimentos que siguen parcheándose, de los sumideros que siguen atascándose, etc. Quizá los semiconductores sigan cambiándonos la vida cuando su tamaño y precio permita incorporarlos hasta en el cortauñas. Mientras tanto -y en términos que se manejan en este entorno- vivimos pocas innovaciones disruptivas, de esas que, de verdad, nos cambian la vida.

Quizá hemos llegado al punto en que no necesitamos la verdadera innovación. Quizá, como se suele decir, no se trata de inventar la rueda. ¡O puede que no soportáramos mayor velocidad de innovación!

domingo 5 de junio de 2011

Marginados por el mundo

Necesito una bolsa: es para guardar la manta, esta noche duermo en la calle, otra vez. Me he gastado todo el dinero del subsidio en dos días. ¡Pero estoy limpio, no me drogo, eh! Si tengo que robar no me lo voy a pensar dos veces. La cárcel es muy dura. No me atrevo a llamar a ese refugio, me preguntarán qué he hecho con el dinero. Tenía unas deudas... me pillaron bebido y... Bueno sí, me vendieron algo de coca. Ahora ya sé con quién no me tengo que juntar. Mi mujer no me deja ir a casa. Me iba a quedar con mi hermano pero quería que le diera toda la paga. No sé qué hacer, ¡no quiero dormir en la calle!

De casa al trabajo, del trabajo a casa. Salidas los fines de semana y vacaciones. La cotidiana rutina. ¿Y cuando el trabajo falta? El ciudadano puede quedar expulsado, considerado un extranjero, relegado extra muros al modo de las ciudades romanas. Hoy día no se le expulsa físicamente, pero sí socialmente.

Ha fracasado. Pronto muchos de sus amigos dejarán de llamarle o de contar con él. Ya no hay partidas de padel ni comidas de trabajo. Dejas de tener interés. El tiempo pasa y se impone el corralito doméstico. Cada céntimo que se deja de gastar es valioso para la hipoteca o el alquiler. Ya no está en los círculos. Nadie le ríe las gracias en Facebook.

El tiempo sigue pasando y nadie garantiza a esa persona volver a encontrar trabajo. Y, sobre todo, no hay una fecha; no puede hacer planes, ni vacaciones, ni nuevo coche. Quizá ni saldo para el móvil. Si os fijáis son sólo elementos accesorios, pero pueden expulsar a una persona de la sociedad. La presión social es fuerte. Un vecino que va al gimnasio, otro que va a esquiar el fn de semana, unas bolas en el golf, el control de velocidad del todo-terreno del otro. En esta sociedad todo ha de girar rápido: cada vuelta de la base se convierte en más dinero para la cúspide. ¿Cómo subir después desde parado?

Esa persona empieza a perder seguridad en sí mismo. En las entrevistas de trabajo se advierte. ¡Le falta empuje! dijeron después de la última. ¡Con lo alto que llegó en su trabajo, nunca estaría satisfecho con este! comentarán en la próxima. Suben los precios y el euribor, pero el banco no quiere reducir la cuota del préstamo. Los euros apenas llegan para pagar la casa y la camisa de la autoestima apenas le abrocha. ¡Es la misma persona, pero no lo parece!

Cada día que pasa es una gota que taladra su cerebro. Hay que ser psicológicamente fuerte, relativizar, ver el futuro más allá de la bruma. Pero no todos lo consiguen. La bebida es mala amiga de la soledad. La droga una salida fácil para un mal día. Los problemas empiezan en casa.
Y... ¡zas! Una persona se encuentra en la calle. Expulsado, invitado a no existir, ni siquiera a redimirse. Visitando un centro de acogida he escuchado historias parecidas, todas convergiendo a un mismo destino: la calle. La calle es dura, es muy dura, la calle mata, la calle es un laberinto.

sábado 28 de mayo de 2011

De Chacón a machacona

Con los ojos encharcados, baluarte de los ejércitos, mostró, por fin, su lado femenino. Lejos quedan los tiempos en que parir se arreglaba en un par de semanas para volver al ministerio. La dama de bronce lleva tanto tiempo jugando con fuego que ha alcanzado su punto de fundición.

A modo de pataleta acusica no aguantó. No aguantó la falaz democracia de los suyos, la misma a la que dio culto cuando la benefició. No aguantó la igualdad porque su contrincante no se la creyó. Con la niña no se quiso medir el viejo diablo, el que de profesor pasó a político, cegado por suceder al que ni siquiera fue profesor titular. ¡Qué nivel!

Denunció Chacón una escalada. No sabemos de qué aunque nos viene a la lengua una escalada de violencia. Quizá de violencia psicológica, de intransigencia, de dedocracia. Una escalada que amenazaba la estabilidad del partido y del país. Una escalada que su jefe y padrino ha ignorado y desmentido –que es lo que se le da bien- para intentar pensar en la sonrisa que tanto ha ensayado y practicado cantando bajo los chuzos de punta.

El partido socialista ha demostrado –una vez más- ser fiel a un principio: hacer lo contrario de lo que promete y de aquéllo de lo que presume. De democracia, nada. ¿O acaso alguien se cree que no hay nadie más en el partido que quisiera presentarse?

Las artimañas de este partido son tan poco transparentes, tan retorcidas, que de nuevo despiertan la teoría conspiratoria: ¿Resurgirá la Chacón para machacar a su rival tras la debacle de las próximas elecciones? Quizás es el camino que le está preparando su hábil padrino una vez que él se vuelva a sus zapatos –de donde nunca debió salir-.

Se trataría de dejar que el contrincante, ya viejo y cansado, se queme y sirva de escarmiento en la picota electoral. Puede que le salga bien. O puede que no hayan tenido en cuenta que el diablo subsiste en el fuego eterno y que sabe más por viejo. ¿Quién sabe? ¿Podrá la dulce dama de bronce, tras enfriarse, erigirse en aplastante machacona?

domingo 22 de mayo de 2011

Democracia real ya si eso

¡Pamplinas en vinagre! ¿O no? Quizás no sea el mayor acontecimiento en internet, con más de 300.000 seguidores en Facebook y más de 50.000 en Twitter (cualquier cantante de moda obtiene múltiplos de estos). Lo que hace destacable este movimiento es haber llevado a tanta gente a la calle, conseguir que permanezca y la consecuente presencia en medios.

Una vez más se demuestra que lo virtual cobra fuerza por lo físico. Es un movimiento importante. Es la primera vez en muchos años que la gente se moviliza por la situación en general. Nos asaltan las preguntas: ¿cómo ha surgido? ¿nos lleva a alguna parte? ¿es lo que necesitábamos?