sábado 19 de junio de 2010

Lo que me importa


Tengo ante mí una bolita fijada en un eje. Me gusta hacerla girar. Una vez, dos. La lanzo a un extremo, luego al otro. Luego la vuelvo a hacer girar. Mientras tanto, como: no es algo que me interese mucho, pero me hace sentir bien.

Se llevan la bolita así que me voy corriendo hasta el otro extremo de la habitación. Por el camino voy tocando todo lo que está a mi alcance. Algunas cosas suenan, otras no. Hay otras que, cuando las toco, todos los que están a mi alrededor dan una voz. Luego vuelvo hacia el otro extremo. Voy tocando todas las cosas. Otra voz.

Me detengo ante una puerta. La cierro. La vuelvo a abrir. La vuelvo... ¡ay, que dolor! Los demás acompañan mi dolor con sus voces, lo que me hace sentir mejor, más acompañado. Cerrar una puerta puede ser divertido y también doloroso. Me gusta cuando me caen las lágrimas por la mejilla y llegan hasta mi boca.

Otra vez esos sonidos rítmicos acompañados por voces desconocidas que no sé de dónde vienen. Me gusta apoyarme en una pierna y balancearme hacia la otra. Sobre todo porque mi madre ríe. Me gusta la risa de mi madre. Y también su olor cuando se acerca a chupetear mi cara con unos ruidos que quiero aprender a hacer.

Hacer ruidos, por cierto, es de lo más divertido de mi vida. Sucede cuando choco una mano contra otra. También cuando tiro cosas desde la mesa. Los primeros producen risas. Los segundos fuertes voces que a veces me asustan. Entonces salgo corriendo, me tiro al suelo y me levantan volando.

¿A que es bonita mi vida? ¡No me falta de nada!

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

ESCRIBE AQUÍ TU COMENTARIO