viernes 26 de noviembre de 2010

Escaner corporal de regalo

Que bien que han llegado los escáneres corporales, también llamados porculares, no sé si es por lo que fastidian o porque te evitan un cacheo íntimo. También hay quien lo llama el porno-escáner. El escáner corporal viene a estropear el sosiego: Felices estábamos desde que la Real Academia de la Lengua aprobara la palabra y nos evitáramos el siempre incómodo "scanner" por esa ese líquida que tan mal se nos da.

Incluso nos habíamos acostumbrado a decir "te lo envío escaneado" para evitar el fastidioso "mándamelo por fax". El escáner llegó a nuestras vidas como una solución mágica. Y a nuestros equipajes como la garantía de nuestra seguridad. Luego a uno se le ocurrió meterse cosas en las zapatillas y a otro llevar líquidos raros en el avión. Creo que sólo fue una persona de cada pero suficiente para cambiar los hábitos de millones de pasajeros.


En realidad todavía no se ha detenido a ningún terrorista en un escáner. Dejar nuestras cosas en esa cinta transportadora y recoger nuestras pertenencias con éxito al otro lado tras pasar el arco del triufo, sin embargo, venía dándonos una sensación de acceder a un lugar libre de todo peligro. Como llegar a casa cuando juegas al pilla-pilla.

Ir con el cinturón colgando desvirtúa esa sensación de placidez. A veces no te lo vuelves a abrochar hasta que las señales luminosas del avión te recuerdan que tienes que abrocharte el otro. Las monedas, el móvil y las llaves de casa en una fría bandeja también le dejan a uno sensación de presunto delincuente. Sólo faltaba la foto de frente y de perfil sosteniendo nuestro número de asiento para sentirnos presos. Presos por la seguridad pero presos.

Mucho más allá de esa foto de presidiario van los nuevos escáneres que nos fotografían hasta el alma. Parecen hasta robárnosla como a esas tribus que no se dejan hacer fotos. Se nos ven hasta las ganas. ¿Nos darán la foto cuando llegamos al destino, como cuando te bajas de la montaña rusa? Podían hacer fotos familiares y, si vas solo, con el compañero de asiento. Fomentaría el networking y el conecting people en el espacio aéreo. Además nos permitiría colgarla en facebook para ser los más originales.

Pero si es por uebos que lo tenemos que hacer, ya que pagamos las tasas de aeropuerto, podrían tratarnos como clientes, no como reos. Al menos darle valor al nuevo servicio. Pueden darte tu masa corporal y una recomendación dietética, decirte los problemas de conducta, cómo tienes la pierna que te fracturaste o cuánto te falta para ir al baño. Incluso podríamos ahorrarnos las tasas si la recomendación la patrocina Corporación Dermoestética.

Si seguimos así lo más fácil va a ser que nos facturen como maletas, nos anestesien y nos despierten en el destino con nuestras radiografías en la boca y con los equipajes que ellos mismos nos han preparado en cumplimiento de las normas internacionales de aviación civil.

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