Corría el año 1976. Era el final de una etapa y muchos esperaban la libertad en la siguiente. 35 años más tarde, ya no hay mili, pero unos trabajadores han sido movilizados: sometidos a la obediencia militar. El motivo: el gobierno lo ha considerado necesario.Muchos se han sorprendido. No sabían que algo así sería posible en estos tiempos. ¿La democracia nos ha traído la libertad que esperábamos? Lo primero que he pensado es que votaré a este gobierno si somete a obediencia militar a los fumadores y a los dueños de los perros -bajo pena de arresto en un castillo si molestan-.
La Constitución da la potestad al gobierno de decretar el estado de alarma y una ley orgánica de 1981 contempla el caso de "paralización de servicios públicos esenciales". Sin embargo, nunca se había recurrido a esta medida. ¿Cada vez se usa más la coacción? ¿Cada vez a la gente le pesa más la exigua representatividad de los gobernantes? ¿Será este un caso aislado de un colectivo insolidario? ¿Hay algún colectivo que muestre solidaridad? ¿Seguimos guardándonos nuestro miedo e ira?
Circular sin cinturón o montar en bici sin casco va contra nuestra seguridad. Vender algo sin firmar un contrato va contra la seguridad jurídica. No podemos aparcar en la calle sin pagar. Dejar a tu hijo el coche en una calle sin tráfico para que aprenda a conducir es un delito. No puedes poner música en una fiesta sin pagar derechos. No hay sereno pero sí vigilante jurado y cámaras en nuestra urbanización.
Circular sin cinturón o montar en bici sin casco va contra nuestra seguridad. Vender algo sin firmar un contrato va contra la seguridad jurídica. No podemos aparcar en la calle sin pagar. Dejar a tu hijo el coche en una calle sin tráfico para que aprenda a conducir es un delito. No puedes poner música en una fiesta sin pagar derechos. No hay sereno pero sí vigilante jurado y cámaras en nuestra urbanización.
Nuestra vida está cada vez más llena de normas, leyes y sanciones. Nadie confía en nadie. El Estado no confía en los ciudadanos. Los ciudadanos tenemos cada vez menos libertad.
Antes nos diferenciamos de los americanos en que comprábamos en las tiendas del barrio, conocíamos a los vecinos, hacíamos vida de barrio. Cerrábamos un pacto con un apretón de manos. La garantía era nuestra palabra, nuestro honor. ¿En qué se diferencian hoy nuestras costumbres de los estadounidenses? Ellos, con su sistema, han conseguido mayor productividad. ¿Nosotros?
Los profesores no pueden pegar a un alumno pero tampoco se preocupan de si se están educando o van a ser futuros delincuentes. El conocimiento de los límites da libertad pero la hiper-regulación la quita. La confianza que depositamos en alguien genera en él confianza hacia nosotros. La desconfianza también genera desconfianza.
Libertad, término que se ha usado para conseguir el apoyo de las masas y ampliar las potestades de la clase política. Formar una sociedad implica ceder una parte importante de nuestra discrecionalidad. Pero la libertad, amigo mío, sólo está en tu interior.
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