sábado 7 de enero de 2012

Corrupción real en las mejores familias

Ocurre en las mejores familias: Esa es la mejor excusa que hemos inventado en nuestra sociedad para disipar manchas deshonrosas y convertirlas en socialmente aceptables. Desde que a alguien se le ocurrió la gran idea de que el pecado no existe, hemos querido convertir la honestidad en una convención que depende de gustos, de modas o de los mercados. Que depende, valga la redundancia, de lo que en cada momento convenga. Y, lo peor: que en la mayoría de los casos no sabemos para qué conviene. Simplemente intentamos aceptarlo porque es más fácil.


Sin duda los entuertos en los que los medios de comunicación nos están presentando a diversos personajes públicos, van mucho más allá de la picardía. Pero, ¿dónde está el límite? En el desconocimiento de ese límite, en su trivialización y su desdibujo está precisamente la causa del problema. Y la causa es importante conocerla si queremos idear una posible solución a lo que parece hacer temblar las instituciones, el sistema, los cimientos mismos de la sociedad.


Solemos fijarnos más en los síntomas, buscamos la solución terapéutica, el analgésico, el airbag, el policía, la nueva norma más restrictiva. Hacemos lo mismo con todos los males que aquejan nuestra sociedad: la orden de alejamiento, la pulsera al agresor, la multa al defraudador.
La causa de todos nuestros males -y en especial de la corrupción-, sin embargo, es la laxitud moral, la falta de conciencia social, la ignorancia de lo público, el desdibujo de los límites de lo que está bien. La causa está en el vecino de arriba, en el compañero de al lado o en el formulario de nuestro portafolio.


Porque "aquí" sólo defrauda el que puede, sólo se aprovecha el que sabe, sólo roba el que accede. Cada uno a su nivel: una factura por aquí, un ingreso no declarado por allá, una subvención injusta acullá, un regalo de empresa que no ve nadie, una comida que no es tal, un cliente que no existe. Parece que todos tuviéramos una licencia para defraudar, una parcela para eludir, un derecho fundamental a burlar.


Y por esta regla, si todo depende de lo que cada uno pueda, parece normal, excusable, hasta eximible, que sean los más poderosos los que más sisan lo que es de todos.
_

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

ESCRIBE AQUÍ TU COMENTARIO